Columna sobre Política y Relaciones Internacionales, 1° de Mayo de 2026
Brasil, China y África lusófona: de la competencia a la complementariedad
Por Alberto Maresca
En un contexto internacional marcado por la multipolaridad, los países del Sur Global enfrentan el desafío —y la oportunidad— de redefinir sus estrategias de inserción internacional. En este escenario, la relación entre Brasil, China y los Países Africanos de Lengua Oficial Portuguesa (PALOP) ofrece un caso particularmente revelador.
Brasil ha construido históricamente una relación singular con los PALOP. A diferencia de otros actores externos, su presencia no se fundamenta exclusivamente en intereses económicos, sino en una densa red de vínculos culturales, lingüísticos e históricos. La lusofonía, la herencia afrodescendiente y décadas de cooperación técnica han dotado a Brasil de un capital simbólico que trasciende la lógica material del poder. Este poder blando se traduce en programas de formación, intercambio académico y cooperación en sectores como la salud y la agricultura, que han contribuido a consolidar una percepción de cercanía y legitimidad en los países africanos lusófonos.
En la dimensión africana de la política exterior brasileña, los PALOP ocupan un lugar de absoluta preeminencia. Las dictaduras militares brasileñas afianzaron los lazos con África en virtud de las luchas independentistas que los PALOP llevaron a cabo para salir del yugo colonial portugués. Políticamente, existen miembros de los PALOP con los que Brasil ha sabido tejer vínculos más profundos, como es el caso de Angola. Brasil fue el primer país en reconocer la independencia de Angola en 1975, al abrir su embajada en Luanda ese mismo año.
En 2010, al final del segundo gobierno de Lula, la relación Brasil-Angola se elevó al rango de asociación estratégica, un instrumento que hasta entonces solo se había otorgado a Sudáfrica por su pertenencia a los BRICS. Ello afianzó la presencia brasileña en el ámbito político y diplomático, pues la actividad consular de Itamaraty en Luanda atiende a 15.000 ciudadanos brasileños, que constituyen la principal diáspora brasileña asentada en el continente africano.
La voluntad política del gobierno de Lula de expandir la acción brasileña en Angola descansa en una asociación multifacética que considera la cooperación internacional brasileña, a través de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), un vector de alto impacto. De hecho, junto con el presidente angoleño José Eduardo dos Santos, Lula impulsó la firma de esta asociación estratégica, que amplió los elementos de un acuerdo de cooperación económica, científica y técnica suscrito en 1980, abarcando salud, cultura, administración pública, formación profesional, educación, agricultura y medio ambiente.
China, por su parte, ha desplegado en África una estrategia de alcance global basada en su formidable capacidad económica e infraestructural. En los PALOP, como en otras regiones del continente, Pekín ha financiado proyectos de gran envergadura en transporte, energía y construcción, consolidándose como un socio económico indispensable. Según datos de UN COMTRADE, el valor de las exportaciones chinas a Angola y Mozambique asciende a miles de millones de dólares. Concretamente, se registraron 4.141 mil millones de USD en bienes chinos enviados a Angola en 2023 y 3.715 mil millones a Mozambique ese mismo año. En 2024 se observa un incremento relativo en los intercambios hacia Mozambique (3.383 mil millones de USD) frente a los 3.243 mil millones destinados a Angola.
Si bien el valor de las exportaciones chinas a Angola y Mozambique ha decrecido, en contraste con el alza del flujo procedente de Brasil, persiste una evidente disparidad —cabría decir estructural— en la capacidad exportadora entre Brasil y China hacia los PALOP. Brasil no está en condiciones de competir con China en el terreno económico, del mismo modo que China no puede replicar fácilmente la profundidad cultural y lingüística que caracteriza la relación entre Brasil y los PALOP. Esta asimetría, lejos de ser un obstáculo, puede constituir la base de una cooperación triangular mutuamente beneficiosa. Es aquí donde el Foro de Macao adquiere relevancia estratégica.
Creado en 2003, este espacio multilateral reúne a China, Brasil, Portugal, los PALOP y Timor-Leste en torno a una agenda de cooperación económica y comercial. El Foro de Macao no puede desvincularse de la reincorporación territorial de Macao a China. Macao estuvo bajo dominio colonial portugués durante más de 400 años, lo que dejó un legado lingüístico y cultural visible hasta hoy.
En 1999, siguiendo la experiencia del acuerdo sino-británico sobre Hong Kong dos años antes, China y Portugal acordaron que Macao pasaría a ser un territorio autónomo bajo soberanía china, siguiendo el modelo One Country, Two Systems (1C2S), aplicado en Hong Kong desde 1997. Formalmente, Macao se constituyó como la Región Administrativa Especial de Macao (RAEM), con un marco legal propio: la Lei Básica da Região Administrativa Especial de Macau da República Popular da China.
El artículo 13 de la Lei Básica constituye el supuesto legal esencial para comprender la función del Foro de Macao. En él se establece que el gobierno chino se encargará de los asuntos internacionales de la RAEM, mientras que el Ministerio de Comercio de China establecerá una representación propia en la región para gestionar esa política internacional. Al inaugurarse en 2003, el Foro de Macao contó, por ende, con la gerencia institucional del Ministerio de Comercio y no con la de la Cancillería. La influencia china en el Foro de Macao se debe, sobre todo, a que el secretario general es designado por Pekín. Sin embargo, todos los demás Estados miembros nombran un delegado propio.
La clave reside en repensar el Foro de Macao no como un instrumento de competencia, sino como una plataforma de complementariedad. En un esquema de cooperación triangular, Brasil podría aportar su experiencia en cooperación técnica, educación y cultura, mientras China contribuiría con financiamiento e infraestructura. Los PALOP, por su parte, se beneficiarían de una combinación de recursos materiales e inmateriales capaz de potenciar sus procesos de desarrollo. Este enfoque no implica ignorar las asimetrías existentes. La relación entre China y los países africanos sigue marcada por desequilibrios significativos, especialmente en el ámbito comercial. Asimismo, la relación entre Brasil y China presenta tensiones derivadas de la primarización de las exportaciones brasileñas. Sin embargo, la cooperación triangular no busca eliminar esas asimetrías, sino gestionarlas de manera pragmática, generando incentivos para todas las partes involucradas.
Para Brasil, apostar por esta estrategia representa una vía para ejercer su autonomía multipolar sin entrar en una competencia directa con China que difícilmente podría ganar. La política exterior brasileña, especialmente desde los gobiernos de Lula, ha estado orientada a la diversificación de socios y al fortalecimiento de las relaciones Sur-Sur. En este sentido, la articulación con China en el marco del Foro de Macao puede considerarse una extensión lógica de esa estrategia.
Para los PALOP, el potencial de esta cooperación es igualmente significativo. La posibilidad de acceder simultáneamente a financiamiento, infraestructura, conocimiento técnico y capital humano puede abrir nuevas oportunidades de desarrollo. No obstante, ello requerirá una gestión activa por parte de estos países para evitar caer en dinámicas de dependencia y maximizar los beneficios de la cooperación.
La relación entre Brasil, China y los PALOP no está exenta de desafíos. Pero precisamente en esa complejidad reside su potencial transformador. Si se gestiona estratégicamente, la cooperación triangular puede convertirse en un modelo de interacción internacional más equilibrado, inclusivo y adaptado a las realidades del siglo XXI. El Foro de Macao, con todas sus limitaciones, ofrece un punto de partida. La cuestión es si los actores involucrados estarán dispuestos a aprovecharlo no solo como un espacio de intercambio económico, sino también como una plataforma para construir una verdadera asociación estratégica en el Sur Global.