Columna sobre Historia y Relaciones Culturales. 1 de mayo de 2022

50 años de relaciones diplomáticas entre Argentina y China: Una mirada retrospectiva

Por Sergio Cesarin

El 19 de febrero de 2022, Argentina y China conmemoraron 50 años de relaciones diplomáticas. En el transcurso de estas relaciones, se observa un desarrollo secuencial por parte de una Argentina que, a fines de la década del setenta del siglo XX, intentaba aprovechar la potencial demanda agroalimentaria de una economía en los albores de profundas reformas (Gaige kaifang). La década del ochenta, es una etapa signada por la primacía de factores externos e internos que potenciaron las relaciones bilaterales. Durante este período, la restauración democrática argentina introdujo nuevos factores de impulso a las relaciones con China; bajo similares cosmovisiones como “economías en desarrollo y no alineadas”(1) ambas partes avanzaron en la firma de acuerdos, propios de una agenda cooperativa centrada en sectores tales como el agroalimentario, científico-tecnológico, cooperación antártica e intercambio cultural. Las visitas oficiales incrementaron la confianza mutua posibilitando, incluso, la emigración de ciudadanos chinos continentales hacia la Argentina en busca de nuevas oportunidades económicas.

La década del noventa provee un marco particularmente apto para el despliegue de una agenda bilateral más intensa, favorecida por la globalización con sus secuelas sobre liberalización económica (Consenso de Washington), las expectativas chinas por ingresar a la OMC, el atractivo generado por el proyecto del Mercado Común del Sur (Mercosur) y la estabilización económica argentina. Durante esta etapa, el dinámico crecimiento de China amplifica opciones para expandir las corrientes de comercio bajo un patrón de complementariedad, canalizar préstamos por parte de instituciones financieras chinas destinados a programas sociales, y atraer capitales chinos de inversión (Inversión Extranjera, IE), particularmente interesados en los sectores minero, agroalimentario y energético. Firmas estatales chinas (SOEs), impulsadas por la estrategia gubernamental sobre internacionalización (go out) (2), exploran oportunidades en el país y se suceden intercambios de becarios. Amparados por una activa diplomacia comercial presidencial, los respectivos sectores empresariales (públicos y privados) asumen mayor protagonismo y capítulos sobre migraciones, doble imposición, protección de inversiones (BTI´s), cooperación aduanera, y apertura de un centro de promoción comercial argentino en la ciudad de Shanghái, impulsaron una densa agenda bilateral. (3)

Las primeras décadas del siglo XXI, indican senderos económicos divergentes que, sin embargo, no obstaculizaron la continuidad y expansión de vínculos bilaterales. China mantiene altas tasas de crecimiento y despliega en América Latina y el Caribe una activa estrategia de penetración comercial, cultural, mediante inversiones y financiera. Por contrapartida, la Argentina se sumerge en una fase económica crítica la cual es – parcialmente – superada a partir de 2004. En esta etapa, China jugaría un papel central en la tracción de exportaciones argentinas de agroalimentos, favoreciendo así la obtención de rentas por parte de una alicaída economía nacional gracias al boom de precios internacionales de materias primas.

La visita a la Argentina realizada en 2004 por el ex Presidente Hu Jintao, confirmó el interés inversor chino a nivel local en sectores estratégicos como ferrocarriles, telecomunicaciones, carreteras, puertos, minería e hidrocarburos. Los acuerdos entonces firmados, confirman la importancia que cobra para la Argentina una relación bilateral con China, asumida como un “contra peso” geopolítico frente a la propuesta estadounidenses de crear una Zona de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y “factor de industrialización” (4). La sintonía político-ideológica entre gobiernos de “izquierda” de la región: Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Venezuela, posibilitan a China una inserción menos interferida por un Estados Unidos que intenta “contener” la creciente influencia china en la región; por otra parte, la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en 2010, retroalimentó las pretensiones argentinas (y latinoamericanas) de por profundizar los vínculos con China.

Durante la última década hasta la actualidad, las relaciones bilaterales se han consolidado. En 2014, los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Xi Jinping, firmaron la Declaración Conjunta para el Establecimiento de la Asociación Estratégica Integral entre ambos países. Otros convenios sobre cooperación económica, comercial, financiera, nuclear y cultural, que incluyeron el otorgamiento por parte de China de un préstamo por US$4.714 millones de dólares para financiar las represas Kirchner y Cepernic (provincia de Santa Cruz) y el préstamo para la renovación total de las vías del Ferrocarril Belgrano Cargas convalidaron el ingreso argentino –de hecho- al proyecto de la Franja y la Ruta (BRI). A partir de entonces, las inversiones chinas han fluido hacia proyectos nacionales y/o provinciales en sectores como infraestructura, telecomunicaciones, extracción de petróleo, energías convencionales y no convencionales. El financiamiento de bancos estatales chinos ha sostenido y sostiene proyectos sobre desarrollo en municipios bajo el auspicio de iniciativas sobre “hermanamiento de ciudades y provincias” que acercan lejanas geografías y mixturan diferentes identidades. Posteriormente, y también como resultado de los acuerdos gubernamentales de 2014, en 2015 fue abierto el Consulado Argentino y Centro de Promoción Comercial en la ciudad de Guangdong.

Pero si lo fáctico es relevante, lo simbólico ocupa un lugar destacado. En cinco décadas la construcción de imágenes sobre China a nivel local ha evolucionado positivamente. La inmigración consolidó el establecimiento de una “comunidad china de ultramar” con activa presencia social cuya diferenciada identidad cultural genera interés (5). La promoción cultural mediante la creación de Institutos Confucio (en la Universidad de Buenos Aires y Universidad La Plata) alimenta la curiosidad por conocer mejor la cultura china; la apertura de colegios bilingües (chino-español), la difusión de estudios sobre literatura argentina en China, del tango como expresión popular, y apertura de centros de estudio sobre China en Universidades y thinks tanks económicos argentinos, ha servido para reafirmar la esperada continuidad de una estratégica relación bilateral con un actor extra regional de creciente influencia global, regional, y nacional como China.

La reciente visita del Presidente Alberto Fernández a China durante febrero de 2022, reafirmo el interés de Argentina por contar con China como un aliado estratégico, socio político, mercado para la exportación de productos agroindustriales y energía, fuente de inversiones (IE), proveedor crediticio y centro de innovación para la captación y transferencia de nuevas tecnologías; por ejemplo, en el sector nuclear, mediante la construcción de una nueva planta financiada por bancos chinos que transformaría a la Argentina en un leading case al contar con un reactor experimental Hualong One. Complementan este cuadro, el formal ingreso de Argentina al proyecto chino sobre conectividad global de la Franja y la Ruta (6) en sus distintos componentes (terrestre, infraestructura ferroviaria, marítimo-portuaria, digital-telecomunicaciones 5G) mediante un financiamiento esperado por valor de US$23.000 millones de dólares, la búsqueda de alianzas en ciencia y tecnología centradas en el sector espacial y la ampliación del Acuerdo de Swaps hasta los US$ 21.700 millones de dólares. La participación conjunta en el G-20, ofrece también otro plano de interacción bilateral y multilateral en el que ambas partes expresan coincidencia de intereses sobre estabilidad global, desarrollo económico y reducción de las asimetrías norte-sur.

Sobre las proyecciones de estas relaciones, las brechas y asimetrías de poder entre China y naciones en desarrollo como Argentina sumidas en periódicas crisis en un mundo convulsionado, requerirá ajustar estrategias y gestionar una agenda común con mayores dosis de pericia diplomática con el objeto de maximizar beneficios derivados de una creciente interdependencia de la que –muy probablemente- sea la primera economía del mundo a mediados de siglo. De esta forma, y tal como ayer, durante las próximas décadas China puede jugar un rol central para Argentina, traccionando intercambios comerciales, radicando inversiones y aportando al desarrollo local mediante aportes financieros dirigidos a proyectos de infraestructura crítica.

Referencias:

  1. Definiciones sobre el posicionamiento internacional de la Argentina que el entonces presidente de la Argentina Dr. Raúl Alfonsin (1983-1989) expresara durante su avieje a China en 1985 al arquitecto de las reformas chinas Deng Xiaoping.
  2. Nee, Victor & Opper, Sonja (2012). Capitalism from Below: Markets and Institutional Change in China. London: Cambridge MA.
  3. Otro hito fue durante el año 2000, la apertura del Consulado y Centro de Promoción Comercial de la Argentina en la ciudad de Shanghái.
  4. Palabras del ex Presidente Néstor Kirchner en la cena ofrecida al Presidente de la República Popular China, Hu Jintao, Buenos Aires. En: https://www.casarosada.gob.ar/informacion/archivo/24383-blank-65960816 Martes 16 de noviembre de 2004. (Consultado 20.03.2022).
  5. Brauner, Susana y Torers, Rayen (2017). Los chinos y sus descendientes en Buenos Aires. Diversidades identitarias en una de las comunidades chinas de ultramar (entre fines de los años setenta del siglo XX e inicios del XXI) , en DIVERSIDAD, JUN-DIC # 13 – AÑO 8.
  6. En marzo de 2022, la Cancillería argentina publicó el Memorando de Entendimiento (MOU) de adhesión de Argentina a la iniciativa china de la Franja y la Ruta (BRI), ver al respecto, Instituto de estrategia internacional, Contacto China, No.163, marzo, 2022, Cámara de exportadores de la Rep. Argentina (CERA), MOU. En: file:///C:/Users/pcescritorio/Downloads/000%20En%20Contacto%20CHINA%20163.pdf. (Consultado 20.03.2022).
  7. Originalmente firmado en 2011 por el equivalente a US$10.200 millones de dólares por tres años, fue ampliado en 2014 hasta US$11.000 millones de dólares, US$18.700 millones de dólares en 2020.

Sergio Cesarin es Coordinador del Centro de Estudios sobre Asia del Pacífico e India (CEAPI) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) en Buenos Aires.