Columna sobre Historia y Relaciones Culturales, 17 de Febrero de 2026
El dinamismo del Caballo de Fuego en China: Movimiento y cambio
Por Gustavo Ng
El Año Nuevo Chino 2026, comienza el 17 de febrero de 2026 y se extiende hasta el 5 de febrero de 2027, está regido por el Caballo de Fuego, una de las configuraciones más dinámicas del zodiaco tradicional chino 生肖 (shēngxiāo). Este sistema simbólico no debe entenderse como una astrología predictiva en sentido moderno 占星术 (zhān xīng shù), sino como una construcción cosmológica, ética y cultural que articula observaciones sobre los ritmos de la naturaleza, la organización social y la conducta humana. Su valor reside menos en la predicción que en la interpretación del movimiento y del cambio.
El Caballo de Fuego introduce un tiempo caracterizado por la activación intensa de fuerzas latentes. Se trata de un ciclo que privilegia el impulso, la transformación y la ruptura de estados inertes, situando el movimiento como principio rector de la experiencia vital.
El caballo en la mitología china
En la mitología china, el caballo 马 (mǎ) ocupa una posición central como símbolo de tránsito y potencia. El 龙马 (Lóngmǎ), criatura híbrida asociada al Río Amarillo, representa la confluencia entre la energía terrestre y el orden celeste. El 天马 (Tiānmǎ), o caballo celestial, remite a los legendarios corceles de Ferghana introducidos durante la dinastía Han, cuya velocidad y resistencia fueron interpretadas como manifestaciones de una energía extraordinaria.
A este imaginario se suman los 八骏 (Bā jùn), los ocho caballos del rey Mu, capaces de atravesar vastas distancias simbólicas; el 汗血马 (Hànxuèmǎ), el caballo que “suda sangre”, emblema de entrega extrema; y el 白马 (Báimǎ), vinculado a la transmisión del budismo en China. En todos estos relatos, el caballo actúa como mediador entre mundos, portador de destino y agente de transformación.
El concepto de 气 y la energía del Caballo
La dimensión central del simbolismo del Caballo se articula en torno al concepto de 气 (qì), la energía vital que anima el universo. En el pensamiento confuciano, el qì constituye la materia dinámica que, junto con el 理(lǐ), principio u orden, configura la realidad. En el daoísmo, el qì es la emanación primordial del vacío, origen de todas las formas y procesos.
El qì del Caballo es expansivo, impetuoso y difícil de contener. Representa el impulso inicial, el arranque súbito, la fuerza que irrumpe antes de toda planificación. De ahí que el Caballo sea asociado a una primavera permanente, a un estado de renovación continua. El sinograma 驹 (jù), que designa al potro, sintetiza esta condición de juventud, potencia latente y velocidad inminente.
Asombro perceptivo y talento emergente
El Caballo se caracteriza por una forma de percepción marcada por el asombro. Su relación con el mundo no está mediada por la costumbre, sino por una experiencia directa y renovada de los fenómenos. Esta sensibilidad ha sido celebrada en la poesía clásica china. El verso de 孟郊 (Mèng Jiāo), que describe al jinete recorriendo en un solo día todas las flores de Chang’an, expresa la vivencia de una energía que trasciende las limitaciones espaciales y temporales.
Este qì no rigidizado favorece la emergencia de talentos intensos y creativos, aunque también inestables. 韩愈 (Hán Yù), en su Discurso sobre el caballo de la dinastía Tang, subraya que reconocer a un 千里马 (qiānlǐ mǎ), un caballo capaz de recorrer mil lǐ, es tan infrecuente como saber guiarlo. El talento, sin orientación, corre el riesgo de dispersarse.
Coraje, rebeldía y tensión con la tradición
El Caballo encarna un coraje frontal y una disposición rebelde frente a la repetición mecánica y a las estructuras que inhiben la vitalidad. En la poesía de 岑参 (Cén Shēn), el corcel avanza aun con el sudor congelado sobre el lomo, imagen de resistencia extrema. Esta energía lo vuelve poco compatible con sistemas rígidos y rutinas prolongadas.
Tal disposición genera una tensión con la tradición china, históricamente orientada a la continuidad, la jerarquía y la estabilidad ritual. Sinogramas como 骁 (xiāo), que integra el radical del caballo con la idea de valentía, y 傲 (ào), que alude al orgullo indómito, reflejan esta naturaleza. El carácter 冲 (chōng), que representa a un caballo atravesando una puerta, simboliza la irrupción súbita en el orden establecido.
La domesticación del impulso: 气 y 理
La filosofía china subraya, no obstante, que el qì por sí solo no garantiza plenitud. En su estado primordial carece de dirección y puede conducir tanto a la virtud 德 (dé) como al vicio 恶 (è), a la benevolencia 仁 (rén) o al egoísmo 私 (sī), a la construcción 建设 (jiànshè) o a la catástrofe 灾难 (zāinàn), al orden 秩序 (zhìxù) o al caos 混乱 (hùnluàn).
Por ello, el confucianismo insiste en la necesidad del 理 (lǐ) como principio ordenador. El sinograma 驭 (yù), compuesto por 马 (caballo) y 又 (mano o rienda), expresa la idea de gobernar mediante conducción y no mediante represión. Domar el impulso no implica negarlo, sino orientarlo hacia fines duraderos y coherentes.
El qì se resiste a la contención, pero sin cauce se disipa. Arde con rapidez y se extingue sin dejar huella. La vía de realización del Caballo consiste en desplegar su energía a través de estructuras que le permitan persistir en el tiempo.
Conclusiones: el sentido del Año del Movimiento
Desde esta perspectiva, el Año del Movimiento no debe interpretarse como una invitación al desenfreno ni a la ruptura indiscriminada, sino como un llamado a un movimiento consciente. El Caballo de Fuego señala un ciclo en el que lo estancado tiende a resquebrajarse y lo latente exige manifestación.
El desafío central de este período no reside en activar la energía, sino en orientarla. Avanzar con fuerza, pero con dirección; encender el fuego sin destruir aquello que lo contiene. En términos cosmológicos y éticos, el Año del Movimiento propone una síntesis entre impulso y forma, entre vitalidad y orden, recordando que solo cuando el movimiento encuentra su cauce puede convertirse en transformación duradera.