Columna sobre Economía, Comercio e Inversión, 1° de Febrero de 2026
Agroindustria del Cono Sur: Tres casos y el desafío de China
Por Alfredo Paseyro
China dejó de ser un mercado más para la agroindustria sudamericana; hoy es el eje central del comercio y la estrategia regional. La cuestión ya no es solo aumentar las exportaciones, sino cómo cada país se posiciona frente a un socio de gran escala, con reglas propias y demandas crecientes de seguridad alimentaria, trazabilidad y calidad. Brasil, Argentina y Chile presentan tres modelos distintos de inserción comercial, pero enfrentan un desafío común: agregar valor, diversificar riesgos y negociar desde la perspectiva estratégica, no solo desde la oferta de materias primas.
La relación con China ya no puede considerarse únicamente como un flujo de comercio creciente. Se trata de un vínculo complejo que combina la importancia del volumen, la capacidad de innovación, la gestión de riesgos y la necesidad de evitar la dependencia de un solo comprador. Cada país debe evaluar su posición dentro de un mercado en transformación, donde la demanda china por alimentos y productos agroindustriales está en constante evolución, con consumidores cada vez más sofisticados y regulaciones más estrictas.
Brasil: escala y volumen como ventaja y riesgo
Brasil es el país más grande del Cono Sur en términos de producción agroindustrial y ha consolidado un rol central en el abastecimiento de China. En 2024 alcanzó exportaciones por 188 mil millones de dólares, con un superávit histórico, y China absorbió el 28% de sus ventas externas. Productos como soja, maíz y carne fluyen con eficiencia logística y previsibilidad, consolidando al país como proveedor preferido. La capacidad de Brasil de combinar volumen, escala industrial y una logística robusta le otorga una ventaja competitiva difícil de replicar en la región.
Sin embargo, esta fortaleza tiene su lado vulnerable. Una porción importante del superávit depende de la continuidad de la demanda china, y cualquier ajuste en precios o cambios estratégicos del comprador pueden afectar de manera inmediata la balanza comercial. Además, la concentración en commodities básicos hace que Brasil sea sensible a la competencia interna regional y a la volatilidad de los mercados internacionales.
El reto para Brasil no es producir más, sino producir de manera diferente. La diversificación hacia biocombustibles, proteínas procesadas, alimentos procesados y servicios logísticos podría transformar al país de proveedor de volumen a socio estratégico de largo plazo. Al mismo tiempo, existen oportunidades de reforzar la sostenibilidad ambiental y las certificaciones de trazabilidad, que se han vuelto un requisito creciente para ingresar a los mercados chinos más exigentes. La capacidad de Brasil de combinar escala con innovación será clave para mantener su liderazgo en el comercio agroindustrial global.
Argentina: potencial industrial frente a vulnerabilidad
Argentina mantiene una relación importante con China, pero es claramente más frágil que la de Brasil. En 2024 exportó seis mil millones de dólares y registró un déficit comercial de 5,6 mil millones, debido a que importó 11,7 mil millones. La canasta exportadora depende principalmente de soja y carne, sectores que enfrentan competencia directa con Brasil y están expuestos a la volatilidad de precios internacionales, cambios regulatorios y suspensiones sanitarias temporales.
El país, sin embargo, cuenta con una oportunidad significativa: agregar valor a sus productos. La industria aceitera, la transformación de proteína vegetal y la capacidad de procesar carnes y granos ofrecen un camino para comercializar bienes más elaborados y con mayores márgenes. Esto requiere acuerdos sanitarios estables, diplomacia económica activa y trazabilidad rigurosa. Argentina tiene la capacidad de convertirse en un socio estratégico si logra consolidar cadenas de valor más sofisticadas, pero el riesgo de seguir siendo un proveedor reactivo persiste.
Además, la región y el mercado global exigen una mayor integración tecnológica. Argentina podría aprovechar su infraestructura industrial y su experiencia en biotecnología y genética vegetal para diferenciarse, ofreciendo productos adaptados a la demanda china, como aceites refinados, proteínas vegetales y subproductos de alto valor. Sin una visión estratégica clara, la relación con China seguirá siendo altamente vulnerable a los cambios en la política comercial y a la competencia intra-regional.
Chile: calidad y nichos como escudo competitivo
Chile ha optado por un modelo diferente, basado en la especialización y la calidad. En 2024, China recibió el 37,3% de sus exportaciones, incluyendo frutas premium, berries, vino y productos de agroindustria de alto valor. Este enfoque le permite acceder a segmentos de consumidores de ingresos medios y altos, menos sensibles al precio y más interesados en origen, calidad y seguridad alimentaria. La inversión en sistemas de trazabilidad, acuerdos sanitarios confiables y logística eficiente ha consolidado la reputación chilena en mercados exigentes.
El principal desafío chileno es ambiental. Sequías recurrentes, variabilidad climática y costos logísticos elevados pueden erosionar la ventaja competitiva construida durante décadas. Mantener la calidad y la regularidad del suministro en este contexto requiere políticas públicas coherentes, inversión privada en infraestructura de riego y logística, y un fuerte enfoque en sostenibilidad. A pesar de estos riesgos, la sofisticación del mercado chino representa una oportunidad considerable para Chile: los productos premium y diferenciados están en creciente demanda, lo que le permite obtener mejores precios y consolidar relaciones de largo plazo con compradores chinos.
Oportunidades y amenazas para el sector agroindustrial en Sudamérica
El mercado chino presenta oportunidades inéditas para la agroindustria sudamericana. La creciente demanda de alimentos, especialmente en segmentos premium y proteínas diferenciadas, permite a los países de la región capturar mayor valor si logran implementar trazabilidad estricta, estándares de sostenibilidad y certificaciones internacionales reconocidas. La complementariedad regional representa un potencial estratégico importante: Brasil aporta escala y volumen, Chile calidad y contraestación, y Argentina capacidad de procesamiento. La coordinación regional podría generar cadenas de valor más sólidas, alianzas estratégicas y un posicionamiento conjunto frente a China que beneficie a todos los actores.
Además, la demanda china por innovación genética, biotecnología, manejo ambiental y gestión de la huella de carbono abre nuevas oportunidades competitivas. Sudamérica puede aprovechar su base de recursos naturales, conocimiento técnico y experiencia industrial para ofrecer productos diferenciados que respondan a la sofisticación creciente del consumidor chino. La región también tiene la posibilidad de participar en mercados más complejos, como proteínas procesadas, biocombustibles, alimentos orgánicos y productos con certificación de sostenibilidad, áreas donde todavía hay espacio de crecimiento y ventaja comparativa.
Al mismo tiempo, los riesgos son significativos. La dependencia de un único comprador con capacidad de cambiar rápidamente sus prioridades por motivos geopolíticos o de precio expone a toda la región. La volatilidad en habilitaciones y controles sanitarios, especialmente en el sector cárnico de Brasil y Argentina, puede afectar los ingresos de manera inmediata. La competencia intra-regional también se intensifica, con Brasil capturando cada vez más cuota de mercado en commodities, lo que genera presión sobre Argentina y Chile. Por último, los riesgos climáticos estructurales (sequías, eventos extremos y variabilidad ambiental) amenazan la capacidad productiva, especialmente en Chile y Argentina, haciendo que la sostenibilidad deje de ser un requisito opcional y se convierta en una condición esencial para mantener la competitividad.
Reflexión final
China ya no es un mercado más; es el marco estratégico del comercio agroindustrial sudamericano. Brasil negocia desde la escala, Chile desde la calidad y Argentina desde el potencial industrial. El desafío común consiste en pasar de ser exportadores de commodities a convertirse en socios estratégicos en seguridad alimentaria, innovación genética y valor agregado.
La región tiene la capacidad para lograrlo, pero requiere visión de largo plazo: instituciones sanitarias sólidas, diplomacia económica activa y políticas estables que aseguren inversión, trazabilidad y competitividad. Las oportunidades superan a las amenazas si cada país decide actuar estratégicamente y no limitarse a reaccionar frente a la potencia asiática. La clave estará en combinar innovación, sostenibilidad y complementariedad regional, convirtiendo los desafíos actuales en una ventaja competitiva que consolide la posición del Cono Sur en el comercio global por décadas.
Alfredo Paseyro es Director Ejecutivo de la Asociación Semilleros Argentinos (ASA) e integrante de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).