Columna sobre Economía, Comercio e Inversión, 15 de Septiembre de 2026

 

Una luz en la oscuridad: ¿es China la solución a los problemas de abastecimiento eléctrico en Cuba?

Por Juan Manuel Sotillo

 

Los frecuentes cortes de electricidad y las dificultades que de ellos se derivan se han convertido en una constante en la vida de los cubanos. La prolongada crisis económica que afecta al país desde hace décadas se ha intensificado debido a la escasez de carburante y al deficiente suministro eléctrico, factores que han impactado de manera significativa a la isla en los últimos meses. Diversos medios han señalado recientemente la posibilidad de mitigar esta situación mediante la adopción de energías renovables, en particular a través de la cooperación con China. La donación de 5 000 sistemas fotovoltaicos por parte de Pekín ha sido presentada como el inicio de un cambio en la política energética cubana, así como la entrada de la inversión china en un sector donde su presencia parecía previamente inexistente.
Los medios oficiales cubanos han destacado estos avances, calificando la iniciativa como una de las revoluciones solares más rápidas del planeta y sugiriendo la posibilidad de convertir a Cuba en una potencia fotovoltaica con el apoyo chino. Algunas fuentes señalan que las importaciones de paneles solares y baterías procedentes de China aumentaron un 1 800 %en los últimos años y que la generación fotovoltaica cubre actualmente el 10 % de la demanda eléctrica de la isla, frente al 3 % registrado a principios de 2025. No obstante, este crecimiento presenta serias limitaciones, ya que la electricidad generada solo está disponible durante las horas diurnas. La generación fotovoltaica se interrumpe durante los picos de demanda vespertinos y nocturnos, justo cuando el consumo doméstico es mayor. La falta de infraestructura de almacenamiento y baterías impide que el sistema eléctrico cubano aproveche plenamente su capacidad instalada.

 

Deficiencias estructurales y dependencia de las energías fósiles

Si bien la tecnología fotovoltaica de origen chino ha contribuido a aliviar la crisis energética en Cuba, su impacto sigue siendo limitado debido a las deficiencias técnicas y la falta de inversión que caracterizan al sistema eléctrico nacional. La infraestructura de generación y transmisión eléctrica en la isla requiere desde hace años mantenimientos e inversiones que no se han ejecutado. Un ejemplo claro son las líneas de transmisión, las cuales presentan pérdidas cercanas al 16 % de la electricidad generada.
La situación actual del sistema eléctrico no es resultado exclusivo de acontecimientos recientes, sino de decisiones históricas en las que se priorizó el desarrollo del sector turístico sobre otras inversiones estratégicas necesarias para el país. Considerando la prolongada coyuntura económica que enfrenta Cuba, la disyuntiva entre mejorar la infraestructura o incrementar la entrada de divisas constituye un dilema complejo. Para ilustrar esta problemática, destaca la limitada disponibilidad de cemento y acero en la isla, materiales esenciales para el mantenimiento eléctrico; la capacidad de acceso a estos materiales es más de un 80 % inferior a la de países con niveles de renta similares, lo que evidencia las dificultades que enfrentan las administraciones públicas y los posibles inversionistas para reparar la red existente.
Además de las fallas de infraestructura, Cuba depende en gran medida de combustibles fósiles importados, los cuales han llegado a representar más del 95 % de su matriz de generación eléctrica. Esta dependencia se sostuvo gracias al suministro de petróleo subsidiado procedente de Venezuela. No obstante, la interrupción de este flujo y las amenazas arancelarias de Estados Unidos a principios de 2026 disuadieron a otros proveedores, como México. Como resultado, el sistema eléctrico cubano colapsó, generando una necesidad urgente de diversificar las fuentes de energía.

 

Nuevas fuentes de energía y cooperación china: ¿nueva cantinela en La Habana?

La inversión china en la infraestructura eléctrica de la isla no es un fenómeno reciente, sino que data de la década pasada. En 2017, la provincia de Ciego de Ávila albergó el primer proyecto de inversión chino en el sector: la planta de biomasa de Ciro Redondo. Considerada la primera central generadora de energía verde del país, contó con capital y tecnología de la empresa china Shanghai Electric Corp. La inversión inicial superó los 140 millones de dólares con el objetivo de generar energía limpia a partir de residuos agrícolas. Sin embargo, desde su conexión a la red nacional, la planta ha experimentado numerosos fallos técnicos que han impedido alcanzar las expectativas iniciales. Asimismo, el colapso del sector azucarero privó a la planta de la biomasa necesaria para su funcionamiento. En 2024, la planta ya acumulaba más de 330 millones de dólares en costos sin haber comenzado a suministrar electricidad en la cantidad y continuidad previstas.
Otro caso relevante data de 2019, cuando se inició la construcción del Parque Solar de Mariel, diseñado para suministrar más de 60 MW de potencia a la Zona Especial de Desarrollo Mariel. Este proyecto fotovoltaico, impulsado conjuntamente por inversores del Reino Unido (Hive Energy) y socios tecnológicos chinos (Shanghai Electric Corp.), fue presentado a través de Solar Mariel Ltd. como un símbolo de soberanía energética y atracción de capital extranjero. Sin embargo, aunque la planta está actualmente operativa en su mayor parte, las deficiencias en la red de transmisión y la falta de infraestructura de almacenamiento limitan la capacidad para absorber la energía generada y aprovechar los excedentes.
Un ejemplo más reciente de la presencia china es la compañía Vehículos Eléctricos del Caribe (VEDCA), empresa de capital mixto integrada por el grupo industrial chino Tianjin Dongxin y socios cubanos. La compañía inició operaciones en 2019, especializándose en la fabricación y ensamblaje de motocicletas y triciclos eléctricos. Para 2025, la empresa ya producía y comercializaba aproximadamente 5 000 vehículos ligeros. Las expectativas de crecimiento para esta empresa son favorables, considerando la estructura de movilidad en la isla y las dificultades de la población para acceder a carburantes. Aunque persisten graves limitaciones para la recarga eléctrica, las perspectivas del sector de electromovilidad se consideran sólidas.

 

La ayuda procedente de China y el recelo de Occidente

Ante el colapso del sistema eléctrico, la asistencia proporcionada por China representa un recurso fundamental para garantizar la supervivencia energética de la isla. En agosto de 2026, China entregó 5 000 sistemas fotovoltaicos de 2 kilovatios destinados a viviendas aisladas y clínicas rurales afectadas por el huracán Melissa. Asimismo, se ha registrado un progreso significativo en la construcción de parques solares de pequeño y mediano tamaño, como parte de un donativo adicional de equipamiento fotovoltaico que aporta 120 MW.
Sin embargo, los países occidentales perciben este despliegue con escepticismo. La ubicación estratégica de Cuba en la ruta de materias primas latinoamericanas hacia Asia posiciona a la isla como un punto clave de interés geopolítico. Desde la perspectiva occidental, la cooperación de China se interpreta como una estrategia destinada a consolidar su presencia política cerca de las costas estadounidenses e incrementar su influencia en la región.
Por otra parte, los inversores europeos manifiestan reservas debido al alineamiento geopolítico de Cuba con Rusia en el conflicto de Ucrania. Esta situación, sumada a las estrictas sanciones económicas impuestas por Estados Unidos en los últimos años, ha reducido significativamente el atractivo de la isla como destino para la inversión europea. Aunque persisten estas reticencias, la cooperación china también enfrenta límites: una transición integral de Cuba hacia energías renovables requeriría entre 8 000 y 19 000 millones de dólares, una cifra inalcanzable para la economía cubana y que difícilmente sería asumida por Pekín en el contexto económico global actual.

 

¿Es la cooperación china la luz al final del túnel?

La cooperación china representa un avance significativo, aunque está lejos de constituir una solución definitiva. Según la evidencia disponible, la expansión de la energía solar en Cuba por sí sola no basta para resolver los problemas estructurales del sistema eléctrico nacional. Las donaciones e inversiones provenientes de China ofrecen un alivio temporal y limitado frente a los desafíos del suministro eléctrico, pero no conforman una respuesta integral para una infraestructura afectada por décadas de mantenimiento e inversión insuficientes.
La dependencia exclusiva de la ayuda de emergencia y la cooperación china implica una perspectiva excesivamente optimista ante la compleja realidad de la isla. Sin reformas profundas que estabilicen la economía y generen un entorno favorable para la inversión, la expansión de la energía solar corre el riesgo de convertirse en una ilusión de modernización que difícilmente superará las deficiencias estructurales del sector energético cubano.

 

Juan Manuel Sotillo es Doctorando en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), Máster en Análisis de las Relaciones Económicas Internacionales por la Universidad Rey Juan Carlos y Licenciado en Economía por la Universidad Carlos III de Madrid. Integrante de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).