Columna sobre Geopolítica y Geoestrategia, 1° de Abril de 2026

Uruguay y la Iniciativa de la Franja y la Ruta: ¿Refuerzo a la autonomía o a la asimetría? 

Por Juan Martín Benavides
La inserción internacional de Uruguay ha estado históricamente marcada por un delicado equilibrio entre apertura económica, diversificación de socios y preservación de márgenes de autonomía en un contexto estructural de asimetría. En este marco, el acercamiento del país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative, BRI) impulsada por China desde 2013 reaviva un debate central en la política exterior uruguaya: ¿hasta qué punto la profundización de vínculos con una potencia emergente contribuye a ampliar la autonomía estratégica o, por el contrario, refuerza dependencias preexistentes?.
La BRI constituye uno de los proyectos más ambiciosos de proyección internacional de China en el siglo XXI. Su objetivo formal, que es promover la conectividad global mediante inversiones en infraestructura, comercio y cooperación, se articula con metas más amplias vinculadas al reposicionamiento geopolítico del país asiático. En efecto, la iniciativa no solo busca facilitar flujos económicos, sino también consolidar la presencia de China en regiones estratégicas, diversificar rutas de abastecimiento y fortalecer su influencia en la gobernanza global. En este sentido, la BRI debe entenderse como un instrumento integral de política exterior que combina dimensiones económicas, políticas y simbólicas.
Para América Latina, y particularmente para países de menor tamaño relativo como Uruguay, la iniciativa presenta tanto oportunidades como desafíos. La región no constituye el núcleo central del proyecto (más orientado hacia Asia, África y Europa), pero ha adquirido una relevancia creciente en términos de acceso a recursos, mercados y posicionamiento geopolítico. En este contexto, la decisión de Uruguay de suscribir en 2018 un memorándum de entendimiento con China en el marco de la BRI debe interpretarse como una señal de apertura a nuevas formas de cooperación, más que como una adhesión plena al esquema.
Desde una perspectiva económica, los potenciales beneficios son evidentes. China se ha consolidado como el principal socio comercial de Uruguay desde 2013, especialmente en lo que respecta a exportaciones de bienes primarios como carne, soja y productos lácteos. La posibilidad de profundizar este vínculo mediante inversiones en infraestructura logística, transporte y energía podría contribuir a mejorar la competitividad del país y facilitar su inserción en cadenas globales de valor. Asimismo, el acceso a financiamiento para proyectos estratégicos representa una alternativa relevante en un contexto internacional caracterizado por restricciones de crédito y volatilidad.
Sin embargo, estos beneficios deben ser analizados a la luz de las asimetrías estructurales que caracterizan la relación bilateral. Uruguay, como economía pequeña y abierta, enfrenta limitaciones evidentes en su capacidad de negociación frente a una potencia como China. Esta asimetría no implica necesariamente una relación de dependencia, pero sí condiciona los términos en los cuales se desarrollan los intercambios económicos y las inversiones. En particular, la concentración de exportaciones en pocos productos y mercados puede aumentar la vulnerabilidad ante cambios en la demanda externa o decisiones políticas del socio principal.
A su vez, la participación en iniciativas como la BRI puede generar implicancias en el plano político y estratégico. La literatura especializada ha señalado que el financiamiento de proyectos de infraestructura por parte de China, si bien ofrece oportunidades de desarrollo, puede también traducirse en mecanismos de influencia indirecta sobre las decisiones de los países receptores. Si bien no existen evidencias concluyentes de que Uruguay enfrente este tipo de riesgos en el corto plazo, la experiencia comparada en otras regiones sugiere la necesidad de evaluar cuidadosamente las condiciones de los acuerdos y su impacto a largo plazo.
Otro aspecto relevante refiere a las repercusiones de este acercamiento en las relaciones de Uruguay con otros actores internacionales. La creciente presencia de China en América Latina ha sido observada con atención por Estados Unidos y la Unión Europea, que perciben en ella un desafío a su influencia tradicional en la región. En este contexto, la profundización de vínculos con China podría generar tensiones o reconfiguraciones en la política exterior uruguaya, particularmente en ámbitos sensibles como la defensa, la tecnología o la infraestructura crítica.
El episodio vinculado a la adquisición de patrulleras oceánicas ilustra de manera elocuente estas dinámicas. Más allá de los aspectos técnicos y administrativos del proceso, la controversia puso de manifiesto la existencia de presiones cruzadas y sensibilidades geopolíticas que exceden el ámbito estrictamente nacional. Este tipo de situaciones evidencia que las decisiones de política pública en países pequeños no se desarrollan en un vacío, sino en un entorno internacional complejo donde convergen intereses de múltiples actores.
Frente a este escenario, la cuestión central radica en determinar si la participación en la BRI contribuye efectivamente a fortalecer la autonomía de Uruguay. Desde una perspectiva teórica, la autonomía no implica aislamiento ni desvinculación, sino la capacidad de un Estado para diversificar sus relaciones, maximizar beneficios y minimizar costos en función de sus intereses nacionales. En este sentido, el acercamiento a China podría interpretarse como una estrategia de diversificación que amplía el margen de maniobra del país en el sistema internacional.
No obstante, esta potencial ganancia en autonomía depende de la capacidad del Estado uruguayo para gestionar de manera estratégica sus vínculos externos. Ello implica, entre otros aspectos, mantener un equilibrio entre los distintos socios internacionales, evitar la dependencia excesiva de un único mercado, fortalecer las capacidades institucionales para negociar acuerdos complejos y asegurar la transparencia en los procesos de toma de decisiones. Asimismo, resulta fundamental integrar la dimensión económica con consideraciones políticas y de seguridad, a fin de evaluar de manera integral los impactos de la cooperación internacional.
En este sentido, la experiencia histórica de Uruguay ofrece elementos valiosos. La tradicional política de equilibrio entre sus vecinos regionales, así como su compromiso con el multilateralismo y el derecho internacional, han contribuido a construir una reputación de previsibilidad y estabilidad. Estas características constituyen activos relevantes en un contexto global marcado por la incertidumbre y la competencia entre grandes potencias.
En definitiva, la Iniciativa de la Franja y la Ruta representa tanto una oportunidad como un desafío para Uruguay. Su potencial para contribuir al desarrollo económico y a la mejora de la infraestructura es innegable, pero su implementación requiere una evaluación cuidadosa de los riesgos asociados a la asimetría en la relación bilateral y a las tensiones geopolíticas en el sistema internacional.
Más que una disyuntiva excluyente entre autonomía y dependencia, la participación en la BRI plantea la necesidad de una estrategia de inserción internacional basada en la diversificación, la prudencia y la coherencia. En la medida en que Uruguay logre articular estos principios en su política exterior, la relación con China podrá constituir un factor de fortalecimiento de su autonomía. De lo contrario, existe el riesgo de que las asimetrías estructurales se profundicen, limitando su capacidad de acción en el largo plazo.
Referencias:
Aróstica, P. (2024). América Latina en un nuevo tablero geopolítico: posicionamiento y proyecciones frente a China, la Unión Europea y Estados Unidos. Fundación EU-LAC. https://eulacfoundation.org/es/america-latina-un-nuevo-tablero-geopolitico-posicionamiento-y-proyecciones-frente-china-la-union
Hernández, C. (2021). La Iniciativa de la Franja y la Ruta de China: oportunidades y desafíos para América Latina. Editorial XYZ.
Mera, M. (2022). La diplomacia económica de Uruguay: entre China y los Estados Unidos. Diplomacia Internacional, 45(2), 112–130.
Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay. (2023). Declaración conjunta entre la República Oriental del Uruguay y la República Popular China. En: https://www.gub.uy/ministerio-relaciones-exteriores/comunicacion/comunicados/declaracion-conjunta-entre-republica-oriental-del-uruguay-republica
Juan Martín Benavides, es Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad de la República (UdelaR), diplomático uruguayo e integrante de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).