Columna sobre Política y Relaciones Internacionales, 15 de Marzo de 2026

La Ruta de la Seda de la Salud y la cooperación sanitaria China – América Latina

Por Florencia Incaurgarat
En los últimos años, la relación entre China y América Latina se ha expandido más allá de los ámbitos tradicionales del comercio y la inversión, incorporando de manera creciente la cooperación en salud. En este marco, iniciativas vinculadas a la Belt and Road Initiative (BRI) y, más específicamente, a la Ruta de la Seda de la Salud (Health Silk Road / 健康之路) han promovido intercambios que incluyen desde el fortalecimiento de infraestructuras sanitarias y la provisión de insumos médicos hasta la circulación de saberes, profesionales y modelos de atención, no solo vinculados a la biomedicina sino también a la Medicina Tradicional China (MTC). Este proceso abre oportunidades significativas para los sistemas de salud latinoamericanos, pero también plantea interrogantes que invitan a una mirada crítica y situada.
Cooperación sanitaria y la Ruta de la Seda de la Salud en América Latina
Desde su lanzamiento formal en 2015, la Ruta de la Seda de la Salud ha promovido el intercambio de conocimientos médicos, la creación de hospitales conjuntos, la organización de seminarios internacionales y el envío de misiones médicas a países socios. Esta plataforma ha ido adquiriendo un rol clave, a través del cual China está reconfigurando la gobernanza global de la salud.
Esta iniciativa, presentada como una dimensión clave de la BRI, ha cobrado especial visibilidad tanto a nivel global como en América Latina, sobre todo a partir de la pandemia de COVID-19. Durante este período, la Ruta de la Seda de la Salud ofició como una herramienta de diplomacia sanitaria y reforzó el papel emergente de China en el escenario global. Donaciones de insumos médicos, transferencia de vacunas, cooperación científica y asistencia técnica se convirtieron en expresiones concretas de la llamada “diplomacia de las vacunas”, que reforzó la presencia china en la región. Más allá del sentido literal de esta denominación, además de proveer vacunas y equipamiento médico, China también impulsó el uso de la MTC como parte de su enfoque terapéutico, compartiendo protocolos de tratamiento con diversos países.
Por supuesto, esta cooperación no se ha limitado a la respuesta frente a emergencias sanitarias. En un sentido más amplio, involucra la promoción de modelos de gestión, la circulación de tecnologías médicas —incluida la cooperación en el desarrollo de herramientas de IA—, así como la expansión de determinados enfoques sobre la salud y la enfermedad. En este escenario, la MTC ocupa un lugar particular, tanto como práctica terapéutica como componente del soft power chino en el ámbito de la salud global.
Intercambios sino-latinoamericanos en materia de Medicina Tradicional China
El Libro Blanco sobre Medicina Tradicional China, publicado en 2016 por la Oficina de Información del Consejo de Estado, afirma que “(…) China ha promovido los intercambios y la cooperación internacionales en MTC mediante mecanismos multilaterales y bilaterales en el marco de la BRI, con más de 30 centros de MTC en el extranjero establecidos en países participantes” (Oficina de Información del Consejo de Estado de China, 2016). Desde luego, América Latina no queda exenta de estos intercambios. Sin embargo, la presencia de la MTC en la región es heterogénea, así como su integración en los sistemas de salud locales.
Esto se debe en gran parte a dos factores principales. Por un lado, existen distintas tradiciones sanitarias en cada país de la región. Así, en algunos casos se ha logrado una mayor integración a nivel estatal de diversos modelos de atención, mientras que en otros, como es el caso de Argentina, existe una clara preeminencia de la biomedicina por sobre las demás prácticas terapéuticas, consideradas alternativas y no integradas a la medicina hegemónica. Por otro lado, las tradiciones migratorias chinas hacia la región también han sido muy variadas. Se pueden encontrar casos como el de Cuba o Perú, donde las primeras corrientes migratorias se remontan a hace un par de siglos, y otros, como nuevamente el de Argentina, donde las corrientes migratorias más significativas numéricamente comenzaron a arribar en la década de 1970, y mayormente a partir de la década de 1990.
Respecto de la integración de la MTC en los sistemas de salud locales, destacan especialmente los casos de Cuba y Brasil, los cuales ofrecen experiencias de referencia para otros países de la región que, por diversos motivos, aún no han logrado este tipo de intercambios.
En el primer caso, la historia migratoria china en Cuba comienza a mediados del siglo XIX, con la llegada de los denominados coolíes —trabajadores en condiciones de semiesclavitud— que, con el transcurso de las décadas, se fueron integrando a la sociedad local. Algunos de ellos llegaron a convertirse en referentes de la MTC en el país, abriendo paso a una integración temprana de modelos médicos de atención de la salud, incluidos el biomédico y el de las poblaciones nativas, en lo que hoy se conoce como Medicina Natural y Tradicional (MNT), parte integral del sistema de salud público cubano.
Por otro lado, Brasil ha sido pionero en la integración de la MTC en su sistema público de salud. Desde 2006, la acupuntura y otras prácticas vinculadas a la MTC han sido oficialmente incorporadas al Sistema Único de Salud de Brasil a través de la Política Nacional de Prácticas Integrativas y Complementarias. Esta integración ha facilitado un acceso más amplio a las terapias médicas chinas entre la población brasileña, con un estimado de alrededor de 200.000 practicantes de MTC en todo el país.
De manera significativa, estos y otros intercambios se han visto aún más fortalecidos en el marco de la Ruta de la Seda de la Salud, que ha promovido no solo el desarrollo de infraestructura sino también la cooperación en salud pública y el intercambio cultural. Más aún, la MTC se ha convertido crecientemente en una “embajadora de la salud” entre China y América Latina, impulsando tanto la colaboración terapéutica como los lazos más amplios entre las sociedades de ambas regiones.
En este marco, los países latinoamericanos tienen mucho para aprender entre sí en relación con oportunidades y estrategias de cooperación sanitaria con el gigante asiático, así como sobre las distintas formas de incorporación de saberes y prácticas convencionalmente consideradas “alternativas” o “complementarias” en sus sistemas de salud. Estas diferencias históricas y sanitarias también influyen en la manera en que la MTC es percibida e incorporada en cada contexto nacional. Mientras algunos sistemas sanitarios mantienen una fuerte orientación biomédica, otros se encuentran atravesados por un marcado pluralismo médico, en el cual prácticas biomédicas, medicinas tradicionales locales, terapias alternativas y estrategias de autoatención conviven, se superponen y, en ocasiones, entran en tensión. En este escenario, la MTC puede ser interpretada de maneras diversas: en algunos casos como un saber exótico, ajeno a los marcos hegemónicos de atención, y en otros como un conocimiento que dialoga con distintas formas de entender el cuerpo, la enfermedad y el cuidado.
Perspectivas de la cooperación sanitaria: algunos aportes de la antropología de la salud
Además de los intercambios regionales en lo relativo a la integración de saberes y prácticas médicas, la cooperación sanitaria con China abre también la oportunidad de reflexionar sobre modelos exitosos de integración en salud, como es el caso del sistema de salud chino. En este, desde hace décadas, existe una integración dialógica entre la llamada “medicina occidental” y la MTC, tanto a nivel estatal y universitario como en las prácticas cotidianas de las personas.
Conocer su sistema de salud y su gestión de la salud pública abre la posibilidad de reflexionar sobre nuestros propios sistemas de salud locales, no solo en términos de integración con disciplinas milenarias como la MTC, sino también con nuestros propios saberes locales, muchas veces relegados. Esto ocurre incluso en contextos donde se enuncian iniciativas de “salud intercultural”, como ha sido ampliamente estudiado en el caso de Bolivia (Ramírez Hita, 2009).
En este contexto, la cooperación sanitaria impulsada en el marco de la BRI y de la Ruta de la Seda de la Salud enfrenta el desafío de reconocer que la salud global no puede pensarse únicamente en términos de transferencia de modelos o tecnologías. La eficacia de estas iniciativas depende, en gran medida, de su capacidad para dialogar con las prácticas locales de cuidado y con los significados que las personas atribuyen a la salud y la enfermedad.
Repensar la cooperación sanitaria entre China y América Latina implica, entonces, incorporar enfoques que prioricen el conocimiento situado y el diálogo con los contextos locales. La antropología de la salud ofrece herramientas clave para comprender cómo se construyen estos sentidos y la legitimidad dentro de los sistemas de atención, así como para identificar las tensiones o conflictos que suelen quedar invisibilizados en los diseños de política pública.
Esta mirada, lejos de cuestionar la importancia de la cooperación China–América Latina, busca enriquecerla y potenciarla, subrayando que incluso las iniciativas mejor intencionadas pueden no prosperar si no consideran las dimensiones sociales y culturales que estructuran las prácticas de salud. En un escenario global marcado por crecientes interdependencias, pero también por repliegues hacia asuntos domésticos, pensar la Ruta de la Seda de la Salud desde las experiencias concretas de quienes habitan los sistemas de salud resulta fundamental para avanzar hacia formas de cooperación más efectivas y significativas.
Referencias:
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Brasil. Ministerio de Salud. Secretaría de Atención a la Salud. Departamento de Atención Primaria. (2008). Política nacional de prácticas integrativas y complementarias en el SUS: PNPIC: Actitud de ampliación de acceso. Ministerio de Salud. En: https://www.minsalud.gov.co/salud/Documents/Observatorio%20Talento%20Humano%20en%20Salud/PoliticaNacionalMedicinaIntegrativaBrasil.pdf
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Leng, S., & Huang, L. (2024). Traditional Chinese medicine becomes health envoy in facilitating people exchanges between China and Latin America. Global Times. En: https://www.globaltimes.cn/page/202401/1305415.shtml
Menéndez, E. L. (2016). «Salud intercultural: propuestas, acciones y fracasos». Ciência & Saúde Coletiva, 21(1), pp. 109–118. En: https://doi.org/10.1590/1413-81232015211.20252015
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Ramírez Hita, S. (2009). «Políticas de salud basadas en el concepto de interculturalidad: los centros de salud intercultural en el altiplano boliviano». Salud Colectiva, 5(2), pp.263–280.
Rolland, N. (2024). The Health Silk Road: A branch of China’s Belt and Road Initiative. National Bureau of Asian Research. En: https://www.nbr.org/publication/the-health-silk-road-a-branch-of-chinas-belt-and-road-initiative/
Tang, K., Li, Z., Li, W., & Chen, L. (2017). China’s Silk Road and global health. The Lancet, 390(10112), pp. 2595–2601. En: https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32898-2

 

Florencia Incaurgarat es Doctora en Antropología Social por la Universidad Nacional de San Martín en Argentina y Magíster en Salud Pública por la Universidad  Tsinghua en China. Profesora Adjunta en la Universidad Nacional de Mar del Plata, becaria posdoctoral de CONICET e integrante de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).