Columna especial Webinar de REDCAEM. 1 de marzo de 2022

México y China: Retos y logros en 50 años de relación diplomática        

Por Eduardo Tzili-Apango

El pasado 14 de febrero China y México cumplieron 50 años de vínculos diplomáticos, acontecimiento no menor considerando que ambos países ostentan peso a nivel internacional: ambos podrían ser considerados potencias regionales dada la suma de sus capacidades, se ubican entre las principales economías del mundo y han desempeñado papeles políticos importantes para el desenvolvimiento de sendos procesos internacionales, como el Tratado de Tlatelolco o la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Por lo anterior, comprender los pasos tomados en cincuenta años de historia diplomática bilateral es fundamental para explicar los potenciales caminos a tomar, ya sea para beneficio de la relación en particular, o incluso para contribuir al mejoramiento de las relaciones internacionales en general.

El primer reto en la relación sino-mexicana fue la construcción –virtualmente desde cero y considerando la coyuntura de la Guerra Fría– del andamiaje institucional para sostener los vínculos. Cabe recordar que, si bien México reconoció diplomáticamente a Taiwán durante 23 años, la naturaleza y dinámicas de estos vínculos son poco conocidos y considerados como esencialmente simbólicos. Además, es posible afirmar que en México convergieron varios procesos que facilitaron el reconocimiento, como los cambios en el sistema internacional que explican los relativos virajes en percepciones sobre la República Popular de China, la anuencia de Washington para que México procediera diplomáticamente, así como el entusiasmo por “el tercer mundo” del entonces presidente mexicano, Luis Echeverría. Sin embargo, posteriores transformaciones internacionales, como la reinvención del modo de producción capitalista en su fase neoliberal, un renovado anticomunismo en Estados Unidos durante la época de Ronald Reagan y los cambios en la naturaleza de la política mexicana en la década de 1980 condicionaron el entusiasmo inicial, por lo que no sería hasta la década de 1990 –punto de inicio en el incremento de relaciones económicas– que la relación retomaría su dinamismo.

Por lo anterior, el primer logro de los vínculos bilaterales fue el establecimiento de numerosos mecanismos institucionales para consolidar la relación, como el Mecanismo de Consultas Políticas Bilaterales en 1993, la Asociación Estratégica en 2003, la creación de la Comisión Binacional Permanente en 2004, el Foro Permanente de Diálogo Parlamentario México-China constituido en 2010 y la Asociación Estratégica Integral en 2013.

El segundo reto en la relación sino-mexicana ha sido el asunto migratorio y las percepciones negativas mutuas. A diferencia del factor económico, que es un fenómeno de la relación más reciente, la migración y las percepciones negativas han caracterizado a la relación entre China y México incluso antes del establecimiento de vínculos diplomáticos. Es de sobra conocido el proceso de “larga duración” –el “Movimiento Antichino” – que había caracterizado la construcción social en México de “China” y de “lo chino”, que pasó de ser una discriminación racial a un rechazo ideológico al momento de establecer vínculos diplomáticos con la República Popular.

Por ello, un logro de la quincuagenaria relación ha sido matizar y superar esa percepción negativa a partir del incremento de la concientización mexicana en torno a lo que China es y a la migración china en México. En este esfuerzo han sido instalados numerosos centros de estudios e investigación que, día con día, contribuyen al acercamiento de China al público mexicano. De manera más reciente, y a contracorriente de gobiernos pasados, la administración de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y las gestiones del secretario de relaciones exteriores Manuel Ebrard, en el enfrentamiento de la pandemia por Covid-19, no han incurrido en el debate mundial sobre el origen de la pandemia –que conllevaba un cierto componente discriminatorio hacia “lo chino” – ni se han enfrascado en críticas al gobierno chino por sus acciones de contención y mitigación. Aunado a esto, la solicitud del perdón por parte de gobierno mexicano ante la comunidad china por los agravios cometidos en el pasado es reflejo del logro ya mencionado.

Por último, el tercer reto en la relación sino-mexicana ha sido el comercio bilateral. Entre 1972 y 1978 el comercio bilateral se incrementó considerablemente, con un saldo superavitario para México. Pero, después de la Reforma y Apertura, el comercio ha aumentado a tal magnitud que China se convirtió en el segundo socio comercial de México y en el “cuarto socio” del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (posterior Tratado Estados Unidos-México-Canadá). El enorme déficit comercial y la similitud de estructuras productivas ha fomentado la percepción de China como “competidor” comercial. Cabe señalar que el acelerado dinamismo comercial ha sido producto de la conformación de una cadena productiva China-México-Estados Unidos y de la ausencia de una política económica general mexicana.

Probablemente los logros en el tema comercial han girado en torno a la accesibilidad a productos para ensamblaje y posterior exportación a Estados Unidos, además de poder consumir productos a bajos costos. Pero, en general los retos en la relación comercial aún no han permitido alcanzar logros significativos, al menos no para los ojos de las clases sociales económicamente poderosas en México, quienes aún perciben a China como un competidor y una “fuente de productos baratos”, y ven un problema en el déficit comercial.

En todo esto no es posible dejar a Estados Unidos fuera de la ecuación. A pesar de la “política de discreción” hacia China por parte del gobierno de AMLO, la propuesta del “Plan México” para consolidar una región norteamericana que pueda resistir la cada vez mayor presencia global de China es muestra de que la importante influencia estadounidense ejercida en México en materia del país asiático. Sea como fuere, los retos superados y logros alcanzados en la relación China-México hablan de vínculos maduros que puedan ver a mejores porvenires.

Eduardo Tzili-Apango es Profesor e Investigador en el Departamento de Política y Cultura de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco en México.

Nota: El tema de esta columna de opinión será desarrollado en la Webinar 50 años de relaciones diplomáticas con China: México y Argentina (1972-2022)