Columna de Geopolítica y Geoestrategia, 1 de septiembre de 2018

La proyección geoestratégica de China en la región del Mar Caribe

Por María del Pilar Ostos Cetina

Analizar el actual modelo sobre el cual se establece la proyección geoestratégica de China en la región del Mar Caribe, permite explicar los intereses de fondo que han incidido en el continuo clima de tensión que se presenta entre los actores más relevante del ámbito internacional, destacándose la presencia hegemónica de Estados Unidos, y la creciente participación de China y de la Federación Rusa, estas dos últimas decididas a contender frente al predominio estadounidense en la región del Mar Caribe, situación que nos ubica de cara a un nuevo mapa geopolítico en los albores del siglo XXI. En este sentido, resulta  interesante recordar lo que en su momento sostuvo el almirante estadounidense Alfred Thayer Mahan, respecto al devenir presente y futuro de las relaciones entre Estados Unidos y China, cuando afirmó: “…en nuestra infancia sólo tuvimos linderos con el Atlántico; nuestra juventud llevó nuestros límites hasta el Golfo de México, hoy la madurez nos ve sobre el Pacífico”.

Esto sin duda alguna, se presenta como un vaticinio que bien nos sitúa en los tiempos actuales, frente a las disputas geopolíticas que se ubican en las posesiones de ultramar, en las áreas insulares a las cuales se refería con acierto el almirante Thayer Mahan, cuyo pensamiento trasciende en el tiempo y perdura como eje articulador de la actual política exterior y de defensa que sostiene Estados Unidos. Por su parte, el ascenso de China en la arena internacional a partir del establecimiento de alianzas estratégicas ha sido clave, ejemplo de ello ha sido la conformación en años recientes del eje sino-ruso, en el marco de las operaciones que sigue la llamada Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), la que consideró que existe la posibilidad que manteniendo su cohesión puede llegar a convertirse en un auténtico obstáculo en los planes de expansión y control que adelanta Estados Unidos, situación que conlleva mayores inversiones y gastos por parte de Estados Unidos para garantizar su activa presencia en puntos estratégicos de la geografía mundial, lo que incluye, su activa presencia en la región del Mar Caribe.

Ahora bien, en este nuevo contexto, en que mediante el ascenso de China, la región del Caribe adquiere una renovada importancia en lo que podríamos llamar un auténtico -pivote geopolítico – de este siglo. Los intereses chinos en esta región radican en que comprende un amplio conjunto de países sobre una superficie de 2.763.800 km2, la cual presenta costas bañadas por el Mar Caribe, lo que incluiría a parte de Estados Unidos y México, seguido del conjunto de las Antillas mayores y menores, los países limítrofes de Centroamérica y en el caso de América del Sur, convergen Colombia, Venezuela y las Guyanas. En este amplio conjunto territorial que se convierte en un espacio de conexión con el Océano Atlántico, convergen enclaves o departamentos de ultramar pertenecientes a países miembros de la Unión Europea, tal es el caso de Martinica, Guadalupe y la Guyana francesa, pero también se configuran Estados bajo la etiqueta de “paraísos fiscales”, atribuido a su flexibilidad jurídica como son Granada, Santa Lucía, Barbados, entre otros. En el caso de República Dominicana, lo mismo que de Costa Rica, su valor geoestratégico se circunscribe a su relevancia en materia de producción agrícola y alimenticia, mientras que en materia de producción de gas y petróleo destacan los yacimientos de Trinidad y Tobago, la propia Isla de Cuba y Venezuela. Sumado a que controlan extensas porciones del océano ricas en recursos naturales, otro aspecto relevante de los intereses geopolíticos de China en esta región, radica con que los países y pequeñas islas que la conforman, tienen voto en organismos internacionales como Naciones Unidas, y pueden contribuir al fortalecimiento de la influencia de China.

Así, la región del Mar Caribe, al igual que lo viene siendo la región de Asía Pacífico, convertido en un auténtico “centro de gravitación de la actividad humana, el cual estuvo por primera vez en Asía, pasó después al Mediterráneo, siguió hacia el Atlántico, para continuar (de nuevo) hacia el Pacífico”. Ello da cuenta del traslado de los ejes geopolíticos en sus diferentes etapas en la historia, derivados de la confrontación hegemónica que realizan las potencias como una forma de ejercer el poder en los espacios geográficos que le brindan alcance y proyección, allende de sus aspiraciones nacionales. Bajo esa misma idea, Estanislao Sánchez Rodríguez, señala en un artículo denominado “el frágil equilibrio de la seguridad en el Este de Asia” (Foreign Affairs, 2013), aspectos vinculados a esta región, argumentando que en la actualidad los países de la región del Este de Asia destacan por su importancia geoestratégica en las relaciones económicas internacionales, al ubicarse entre las principales rutas comerciales y de abastecimiento energético, al igual que de distribución de materias primas provenientes de diversas partes del mundo.

En este mismo esquema de pesos y contrapesos entre actores internacionales, pero aplicado en este caso a la región pivote del Mar Caribe, bien podría concebirse de la siguiente manera: China bajo el rol de potencia extra-regional, Estados Unidos como potencia hegemónica regional y en la condición de actor de equilibrio, sería interesante plantear dicha característica para un país como México, el cual converge precisamente en toda el área de influencia del Caribe. En base a esto, ciertamente la condición geopolítica de México, ceñida a su condición fronteriza que, inevitablemente lo acerca política, comercial, militar y culturalmente a Estados Unidos, sitúa a dicho país bajo el criterio de “país-bisagra”, ya no sólo del continente, en el sentido sur-norte y viceversa, sino también como lo fuera en el pasado colonial, sirviendo de “enlace”, una especie de pivote o punto cardinal en la dirección horizontal que se crea de oriente a occidente y viceversa. Lo cual hace pensar que ante el activismo presente de China, volverán a llegar de manera masiva los galeones, sin embargo, el imperativo de la iniciativa de la Franja y la Ruta propuesto por China con mirada de largo plazo, no da espera y ha dado lugar a otras formas alternativas de cruzar por el continente americano y esto se evidenció en años recientes en medio de las rupturas provocadas entre Panamá y Taiwán, a cambio del estrechamiento de las relaciones sino-panameñas, lo que permite un paso más expedito de China por el valioso y tradicional enclave estadounidense, que se sitúa sobre el eje geopolítico que converge en el llamado Mediterráneo Americano.

María del Pilar Ostos Cetina es Profesora e Investigadora del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV) y del Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de México, pertenecientes ambos a la Secretaria de Marina Armada de México.