Columna de Economía, Comercio e Inversión, 1 de agosto de 2018

La hoja de ruta de China en América Latina en un nuevo contexto

Por Ignacio Bartesaghi y Natalia Melgar

China ha definido su estrategia en América con dos líneas de acción que podrían entenderse como diferenciadas, o cabe preguntarse si son parte de una misma estrategia con dos frentes distintos. Por un lado, la disputa por la hegemonía mundial con Estados Unidos que está actualmente en la fase de guerra comercial. Ya no son sólo anuncios y meras amenazas, sino que las medidas se han concretado recientemente y ya pueden observarse las consecuencias. En los últimos meses, las importaciones de algunos productos en Estados Unidos crecieron extraordinariamente y esta variación no se explica por un mayor consumo sino por compras adelantadas de modo de evitar el sobrecosto causado por los aranceles. Actualmente, las medidas han encarecido a más de 1.300 productos y ya se ha anunciado que más bienes ingresaran a las listas de bienes gravados. Las consecuencias negativas del incremento de aranceles son diversas: las mercancías se encarecen y se perjudican las empresas (si son insumos) y el consumidor final (si son bienes finales o si el incremento en costos de insumos se traslada al precio del bien final) y se generan ineficiencias por los efectos distorsivos del impuesto. Además, el encarecimiento de los productos muy probablemente afecte la demanda global en forma negativa, lo cual causará una caída en los precios internacionales, afectando el nivel de actividad y empleo en diversos sectores en todo el mundo.

Por otro lado, el interés de China en América Latina y el Caribe es innegable y sus autoridades lo han declarado en diversas ocasiones. Como prueba de ello, en 2016 el gobierno lanzó la segunda edición del “Libro Blanco” de políticas para la región (el primero fue en 2008). Este es un documento oficial que establece una hoja de ruta para las relaciones con América Latina, el mismo presenta la política hacia la región en diversas áreas como economía, educación, entre otras. Cabe preguntarse si este acercamiento es un componente más de la estrategia de China para consolidarse como primera potencia mundial desplazando a Estados Unidos. En otras palabras, la disputa por la hegemonía mundial pudo haber comenzado años atrás, con los espacios ocupados por China en ausencia de Estados Unidos. Actualmente se abre un nuevo capítulo con una disputa mucho más explícita, la guerra comercial. Más allá de esto, este acercamiento abre múltiples oportunidades para los países de la región, no solo en lo comercial sino en todas las áreas planteadas por China. Si a esto le agregamos el contexto actual de guerra comercial, las oportunidades, al menos de corto plazo, podrían ser mayores dado que la región es gran proveedor de alimentos. Estados Unidos exporta a China múltiples productos agrícolas y agroindustriales como carnes, frutas, verduras y lácteos que han sido afectados por aranceles más altos en China (del 25%) y que, por lo tanto, podrían ser suplidos por la región.

El comercio de China con América Latina ha crecido a tasas superiores al total de China con el resto del mundo, permitiendo que la región gane mayor importancia como mercado y proveedor de este país. De hecho, en 2001, toda la región explicaba el 3,1% de las exportaciones chinas y el 2,7% de las importaciones, pero en 2017 dichos porcentajes crecieron a 5,7% y 6,9% respectivamente. De acuerdo a datos informados por China, el comercio entre dicho país y América Latina ascendió a US$ 256 mil millones de dólares en 2017, creciendo al 20% entre los años 2001 – 2017. Se trata además, de un comercio complementario dominado por las exportaciones de productos primarios y alimentos y por manufacturas con mayor proceso en el caso de las importaciones. A nivel de producto, el comercio de la región con China muestra elevados niveles de concentración, especialmente en el caso de las exportaciones. En efecto, cuatro productos explicaron más del 75% del total colocado por América Latina y el Caribe en China, destacándose la importancia de los minerales y la soja. Atendiendo a la importancia como proveedor de China, en algunos casos los países de la región llegan a colocar más de la tercera parte del total adquirido por la potencia asiática (semillas y frutos oleaginosos 55,7%, azúcar 47,4%, residuos y desperdicios de la industria alimenticia 47%, preparaciones de carne y pescado 40,5% y carne y despojos comestibles 34%).

Por el lado de las importaciones de la región desde China la concentración es menor, ya que cuatro productos explicaron menos del 50% de las compras totales realizadas desde China en 2017. En el caso de la participación de mercado, sólo en un producto se superó el 20% (abonos) del total colocado por China en el mundo. En cuanto a la importancia de América Latina y el Caribe como mercado de destino de la potencia asiática, cabe destacar el crecimiento de la participación de vehículos y sus partes, las máquinas y productos electrónicos. Con el correr de los años se observa que los bienes con mayor contenido tecnológico ganan participación en el total importado por la región desde China, en contrapartida de los bienes de menor proceso como calzado y vestimenta. Este fenómeno tiene que ver con los cambios estructurales de China en su política de agregar valor a su producción nacional y por el fenómeno de deslocalización de la industria denominada liviana a países de la región de Asia Pacífico. La concentración también se observa a nivel de mercados. En el caso de las exportaciones chinas a la región, dos mercados, Brasil y México explicaron el 50% del total, los que además ganan terreno respecto a la importancia presentada en 2001. En el caso de las importaciones chinas desde la región, Brasil se destaca llegando a explicar el 46% del total adquirido por China desde América Latina. En importancia le siguen Chile, Perú y México. La relación comercial de China con la región se ha expandido fuertemente no solo en el comercio de bienes, sino también en el de servicios, las inversiones, el financiamiento y la cooperación. También se establecieron vínculos formales de intercambios políticos como CELAC – China.

Esta profundización de los vínculos entre China y América Latina, se da ya no solo a través del canal económico y comercial, sino también a través de la firma de Tratados de Libre Comercio (TLCs). De hecho, los dos Libros Blancos sobre las relaciones de China con la región, establecen como prioridad la firma de acuerdos comerciales. Hasta la fecha, China cuenta con TLCs vigentes con Chile (2005), Perú (2009) y Costa Rica (2010), esta en negociaciones con Colombia y las acaba de iniciarlas con Panamá (país que recientemente reconoció diplomáticamente a China rompiendo relaciones con Taiwán). En el caso de Uruguay, si bien la propuesta de firmar un TLC, fue lanzada en 2016 por el Presidente uruguayo cuando visitó China, aún se encuentra en debate si inicia negociaciones bilateralmente o lo hace en conjunto con los miembros del Mercosur. Por lo tanto, el escenario actual plantea certezas en cuanto a la hoja de ruta establecida por China en América Latina aunque los impactos dependerán de las respuestas de los países de la región. Sin embargo, en el escenario actual hay incertidumbres sobre la duración y consecuencias de la guerra comercial vigente y las nuevas facetas que podrían abrirse en la disputa por la hegemonía mundial.

Ignacio Bartesaghi y Natalia Melgar son Investigadores del Departamento de Negocios Internacionales e Integración de la Universidad Católica del Uruguay.