Reseña por Marina Soler (PhD), Profesora del Departamento de Historia del Arte de la Universidad Federal de Sao Paulo (UNIFESP). 25.10.2022.

  • Título del libro: Chineseness in Chile. Shifting Representations During the Twenty-First Century
  • Autoras: Maria Montt Strabucchi, Carol Chan y María Elvira Ríos
  • Editorial: Palgrave-Macmillan
  • Año: 2022, primera edición
  • Número de páginas: 236 pp.
  • Precio: $89,00 dólares en https://link.springer.com/book/10.1007/978-3-030-83966-6

Chineseness in Chile. Shifting Representations During the Twenty-First Century es un libro que representa un esfuerzo por comprender el papel de América Latina en la construcción y difusión de estereotipos y prejuicios especialmente sobre los asiáticos. Partiendo de un estudio de caso, en específico el de los chinos en Chile, el libro avanza en un territorio intelectual que aún merece ser explorado más a fondo al buscar entender de qué manera América Latina colabora en el proceso de orientalización, como lo describió Edward Said, de los pueblos asiáticos, aunque sea una orientalización calificada por algunos autores como diferente a la practicada por el Norte Global. Metodológicamente, el libro Chineseness in Chile adopta un enfoque que acoge aspectos del concepto de orientalismo propuesto por Said, pero también busca acercarse a los autores que ven el orientalismo hispano y latinoamericano como algo diferente y específico. Sin embargo, aunque se cuida de diferenciar la orientalización practicada por Europa y Estados Unidos de la practicada por América Latina, una observación inquietante recorre el libro de Montt, Chan y Ríos: algunos países latinoamericanos, especialmente con mayor porcentaje de población «blanca», no se ven a sí mismos como multiraciales y piensan en su identidad como mayoritariamente occidental. Las autoras señalan, sin embargo, que esta identificación de América Latina con Occidente ha sido cuestionada a través de las luchas de los pueblos originarios en Chile, especialmente de los mapuches, cuyas reivindicaciones terminan por socavar la creencia de los chilenos en su propia «blancura».

Así, al articular las cuestiones raciales de los chilenos nativos, que pasaron a primer plano sobre todo en el siglo XXI, con las cuestiones raciales aportadas por los inmigrantes chinos, el libro nos ofrece un amplio panorama de las representaciones e imaginarios chilenos sobre los chinos y China. Las autoras tratan de demostrar que la construcción del «otro» como chino contribuye a la construcción de la propia identidad de Chile como país que se entiende a sí mismo como no multiracial. En este proceso, el chino permanece casi siempre en el lugar de la alteridad (condición o capacidad de ser otro o distinto), no integrado en la sociedad chilena. Aunque la mayoría de las representaciones de los chinos analizadas son racistas, xenófobas y a veces sexistas, las autoras encuentran algunas producciones culturales que problematizan los esencialismos y abogan por la inclusión en lugar de la segregación. Estos importantes ejemplos sugieren el establecimiento de una nueva sensibilidad hacia el otro racializado en América Latina.

El libro comienza con un breve análisis del imaginario chileno sobre China ya en las primeras décadas del siglo XX, expresado principalmente en caricaturas en revistas ilustradas. A continuación, partiendo del desarrollo económico chino resultante del proceso de reforma y apertura iniciado por Deng Xiaoping en 1978, las autoras nos muestran cómo se crea un imaginario dualista sobre China en el que aparece simultáneamente como fuente de amenazas y oportunidades, de peligro y de sabiduría. Para entender esta dualidad, las autoras utilizan, entre otros  conceptos, el de tecno-orientalismo.

A continuación, el libro profundiza en la presencia de los chinos en la cultura de masas del siglo XXI, inicialmente a partir de algunos productos audiovisuales que cuentan con personajes chinos, como Schopsui, una película de 2010, y La Colombiana, una telenovela de 2017. En estos productos, los estereotipos sobre los chinos no son sólo negativos, y se les presenta como buenos trabajadores y buenos inmigrantes sometidos al racismo de algunos chilenos. A continuación, examina la influencia que los jóvenes de todo el mundo, incluidos los chilenos, están experimentando de la cultura pop asiática, como el anime japonés y el k-pop coreano, una influencia que sugiere una nueva sensibilidad hacia los asiáticos de la que la cultura china también debería beneficiarse. Siguiendo con el examen de la cultura de masas, el libro realiza un excelente análisis de la participación de un chino en el programa chileno Master Chef y utiliza este caso para debatir sobre lo chino cuir racioalizado.  

Las autoras terminan el libro con un capítulo dedicado a las agresiones sufridas por los chinos en Chile como consecuencia de la epidemia de COVID-19, lo que nos revela la gran actualidad de la obra. Chineseness in Chile es un libro importante para todos aquellos interesados en el orientalismo en América Latina, ya que ofrece una discusión metodológicamente significativa, estudios de caso actualizados y una mirada sensible a la dinámica de la construcción de la alteridad y las identidades en Chile.