Columna sobre Política y Relaciones Internacionales. 1° de junio de 2022

China, Estados Unidos y el pulso por Taiwán: geoestrategia en el Indo-Pacífico y América Latina

Por Pamela Aróstica

A comienzos de este año el presidente de Estados Unidos Joe Biden comparó una posible invasión de Taiwán por parte de China, con la invasión de Ucrania por parte de Rusia advirtiendo que «dislocará a toda la región» y enfatizó que «Rusia tiene que pagar un precio a largo plazo por sus acciones». Sin embargo, el pulso por Taiwán entre China y Estados Unidos alcanzó un nuevo tenor el pasado lunes 23 de mayo cuando Biden indicó que Estados Unidos está dispuesto a responder militarmente (1) en caso de un ataque chino a Taiwán, agregando que estaban de acuerdo con la política de Una Sola China y todos los acuerdos correspondientes se hicieron a partir de ahí, pero la idea de que se pueda tomar por la fuerza a Taiwán, no es apropiada.

Ello ha implicado un cambio en el tono del discurso de política exterior de Washington hacia Taiwán, ahora más directo y frontal con respecto a China.

En paralelo, Estados Unidos se ha propuesto renovar su influencia geopolítica en una zona sensible para China. En primer lugar por medio del grupo QUAD, compuesto por Estados Unidos, Japón, Australia e India, cuyos objetivos en la reunión de líderes del 24 de mayo (2) fueron las discusiones de situaciones regionales y globales, el fortalecimiento de la cooperación, y una continua y cercana coordinación. Esta coordinación se constató al día siguiente de las declaraciones del presidente Biden, cuando los líderes del QUAD sostuvieron que no aceptarán la provocación de ningún país que trate de cambiar el actual equilibrio de fuerzas en Asia Pacífico, defendiendo una región Indo-Pacífica «abierta y libre de coacciones», en clara alusión a que lo ocurrido en Ucrania con la invasión de Rusia, no puede ocurrir con Taiwán.

En este sentido, las sanciones impuestas a Rusia por parte de Estados Unidos y Occidente se proponen ser de largo plazo, también como señal para China con respecto a los costos que tendría intentar tomar Taiwán por la fuerza. Lo que también implicaría un dilema para China cuyos principales socios comerciales son de Occidente.

Este escenario, se encuadra en un contexto macro de mayor alcance entre China y Estados Unidos. Ser una superpotencia global implica tener capacidades en distintas dimensiones, con poder económico, militar y tecnológico para influir (o cambiar) el orden internacional. Y, sin duda, hay dos áreas de influencia claves para ambas potencias en su pugna a nivel global, son las regiones del Indo-Pacífico y de América Latina y el Caribe.

¿Cómo desarrollan sus estrategias en estas zonas de especial relevancia geopolítica?

Por una parte la región del Indo-Pacífico ha experimentado distintas acciones que la tensionan, pero que también implican una disrupción a nivel internacional con la confrontación entre ambas potencias en zonas de influencia especialmente sensibles para ambas partes. Junto a los objetivos del grupo QUAD, se suma el anuncio en Japón de la creación del denominado Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad (Indo-Pacific Economic Framework for Prosperity – IPEF) (3) con el objetivo de impulsar el comercio, la inversión, la promoción de energías limpias, la innovación tecnológica, etc.

Concretamente el IPEF aglomera a economías que representan el 40% del PIB del planeta (compuesto por Estados Unidos, Japón, Australia, Brunei, Corea del Sur, India, Indonesia, Malasia, Nueva Zelanda, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam), pero más que un bloque económico, es una respuesta para intentar contrapesar el asenso de China direccionada a desbancar a Estados Unidos como primera potencia económica global, una trayectoria cuya velocidad ha sido amortiguada por la pandemia del COVID-19, la política de “Cero COVID”.

Frente a la pugna con Estados Unidos por la influencia en la región del Pacífico Sur, en una iniciativa diplomática relámpago el Ministro de Relaciones Exteriores de China Wang Yi propuso en el Foro de Países del Pacífico Sur en Fiyi, un gran acuerdo de seguridad a diez islas del Pacífico Sur, negociaciones que tenían como objetivo aumentar significativamente la participación de Pekín en la seguridad, la economía y la política. Pero antes de esta visita al Pacífico Sur, China había propuesto un pacto en que se comprometía a formar a la policía de las islas del Pacífico, implicarse en ciberseguridad, ampliar lazos políticos y cartografiar zonas marítimas a cambio de un mayor acceso a recursos naturales. Sumado al ofrecimiento de ayuda financiera, la perspectiva de un acuerdo de libre comercio con China y el acceso al amplio mercado chino.

Sin embargo, este lunes 30 de mayo (4) los líderes de esas naciones insulares indicaron en Suva, la capital de Fiyi, que la prioridad es el consenso y sería necesario un amplio entendimiento entre los Estados insulares antes de firmar cualquier “nuevo acuerdo regional”. Henry Puna, secretario general del Foro de las Islas del Pacífico, dijo al Ministro Wang Yi que las prioridades de los estados miembros son la lucha contra el cambio climático y la recuperación económica de la pandemia de COVID-19.

Este revés al no lograr el consenso necesario para la firma de un acuerdo de seguridad y comercial propuesto por Pekín, reduce por el momento las alarmas por parte de Estados Unidos o Australia, que recelan del incremento del poderío chino en un área tradicionalmente bajo su influencia.

En paralelo, esta pugna geopolítica entre China y Estados Unidos también se evidencia en otra región clave en la nueva cartografía mundial: se trata de América Latina y el Caribe.

Durante las últimas décadas, paulatinamente, China fue consolidando su presencia en esta región. En la década de los 90, se marcó un punto de inflexión en las relaciones por el creciente auge de los vínculos económicos y comerciales con China, y durante la primera década del siglo XXI las relaciones experimentaron una nueva etapa con la ampliación de las relaciones en distintas dimensiones, posicionando a China en la actualidad como un actor fundamental en América Latina.

Para China su estrategia hacia la región se ha basado en un interés económico para fortalecer su ascenso como potencia económica global y asegurar el abastecimiento de materias primas, alimentos, recursos energéticos y acceso a mercados; en un interés político orientado a promover el multilateralismo y una mayor presencia en organismos regionales; y en un interés diplomático enfocado en la extensión del soft power y en reducir los lazos de Taiwán en la región. En este último aspecto, China ha sido exitosa en la batalla diplomática con Taipei, dado que la lista de países centroamericanos que reconocían a Taiwán, ha disminuido de manera sustantiva por el avance de la presencia económica de China en la región.

América Latina fue central en la competencia diplomática entre China y Taiwán. Ambos optaron por la diplomacia económica como estrategia para captar aliados en la región, pero los resultados fueron desiguales, dado que la presión interna de los empresarios latinoamericanos por estrechar lazos económico-comerciales y reconocer a China fue determinante. El ascenso económico de China se concatena con su creciente protagonismo internacional y el fortalecimiento de sus relaciones con América Latina y el Caribe es parte de una estrategia multidimensional. Estados Unidos que ha sido un actor tradicional en la región, ha visto menguada su influencia con el avance de China.

En tiempos disruptivos, con la franca confrontación geopolítica entre Estados Unidos y China, el poder y la influencia en regiones de alta importancia estratégica como el Indo-Pacífico y América Latina, jugará un rol clave en la definición de un nuevo orden mundial postguerra en Ucrania.

Pamela Aróstica es Directora de la Red China y América Latina: Enfoques Multidisciplinarios (REDCAEM).

Nota: Columna publicada en América Economía, 31.05.2022. En: https://www.americaeconomia.com/opinion/china-estados-unidos-y-el-pulso-por-taiwan-geoestrategia-en-el-indo-pacifico-y-america-latina